Miedo al fracaso

El miedo es una emoción básica, universal y adaptativa. Ha sido crucial para la supervivencia y para la evolución de la especie humana porque nos ha permitido evaluar y detectar los peligros que teníamos cerca. Cuando estamos ante un peligro real el miedo permite que nuestro organismo responda eficazmente para proteger nuestra vida: nos defendemos, atacamos, huimos o nos quedamos inmóviles para pasar desapercibidos. En este sentido, el miedo nos ayuda a alejarnos del daño y del peligro ya que sin él seríamos seres temerarios que correríamos riesgos de manera innecesaria.
Pero ¿qué ocurre cuando sentimos miedo ante peligros imaginarios o irracionales? En este contexto el miedo puede impedirnos avanzar y superar la situación. Las respuestas al miedo indicadas anteriormente ya no nos sirven, incluso son un obstáculo para nosotros y son el desencadenante de alteraciones emocionales como la ansiedad, la depresión, la frustración y la inseguridad.
Los miedos irracionales más frecuentes en la actualidad están relacionados con nuestra propia imagen y nuestra valía. Tememos al ridículo, a lo que puedan pensar los demás de nosotros, a equivocarnos o a no estar a la altura de las circunstancias porque interpretamos erróneamente que esto es fracasar. Para muchas personas fracasar es algo imperdonable y que no se pueden permitir. Evitan exponerse a situaciones, proyectos y anhelos para no enfrentarse a la emoción que el fracaso les podría generar pero con ello se pierden algo muy importante: aprender, progresar y conocer realmente hasta donde podrían llegar.

Detrás del miedo al fracaso se esconden ciertos errores en nuestra forma de pensar. A continuación se exponen argumentos que ayudan a corregir estos errores y a reducir la emoción de miedo:

  1. Pensamiento tremendista: “si me equivoco jamás contarán conmigo”.
    ¿Realmente es cierto lo que estoy pensando? ¿Es verdad que cuando alguien se equivoca los demás responden no contando con él? ¿Yo respondería de esa manera?
  2. Personalización: “si fracaso es señal de que soy un fracasado”.
    ¿Equivocarme me convierte en un fracasado? ¿Acaso no he hecho nada bien hasta ahora? ¿Estoy siendo justo conmigo mismo?
  3. Adivinación del futuro: “es muy posible que me quede en blanco o me salga mal”.
    ¿Esto es algo que solo estoy pensando o realmente tengo la certeza de adivinar mi futuro? ¿Este pensamiento me ayuda?
  4. Razonamiento emocional: “si me pongo nervioso es señal de que no va a ir bien”.
    Son mis pensamientos negativos de que no va a salir bien los que me hacen ponerme nervioso y si no los cambio finalmente los nervios me jugarán una mala pasada.

Si modificamos estos pensamientos y contextualizamos los errores como parte del proceso de aprendizaje y el fracaso como una verdadera oportunidad de cambio, probablemente el miedo disminuya y nos sintamos más capaces de iniciar nuevos proyectos. Dar un paso hacia adelante a pesar del miedo ya es un logro porque el verdadero fracaso es no intentarlo.

A aquellos valientes que se atrevan a actuar a pesar del miedo les ayudará tener en cuenta lo siguiente:

  1. Conviene disfrutar en la medida de lo posible del proceso sin pensar en el resultado. Lo contrario nos llevaría a un futuro de incertidumbre sintiendo que no tenemos controlada la situación y esto afectará negativamente a nuestra ejecución.
  2. Fijar unas expectativas realistas y alcanzables nos ayudará a sentirnos más capaces de conseguirlas.
  3. Confiar en nuestra capacidad para conseguir lo que deseamos, ser proactivos y hablarnos de manera positiva nos ayudará sin duda a motivarnos y a dar lo mejor de nosotros mismos.

Todo lo que quieres y no haces está al otro lado del miedo porque el miedo es la muralla que nosotros mismos construimos para separar lo que somos de lo que podríamos alcanzar a ser. Si haces lo que temes, podrás hacer cualquier cosa, te sentirás más libre.

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About the Author

Eugenia Vicente Fernandez ()

Website: https://proactivapsicologos.com

4 Replies to “EL MIEDO HOY”

  1. Los miedos nos permiten sobrevivir pero también son jaulas que no nos dejan crecer en libertad, nos condicionan en la vida. Muy acertada Eugenia tú reflexión!! Un besazo.

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